Ajedrez, estrategia y decisiones peligrosas.

El concepto de estrategia puede definirse como el conjunto de acciones que aumentan las posibilidades de tomar una decisión acertada en un determinado momento. Decisiones estratégicas son elegir una determinada profesión, ubicar un negocio en una zona concreta o  realizar un determinado curso de especialización. Pero también de alguna manera son decisiones estratégicas introducirse en el mundo de las drogas, optar por vivir una existencia marginal o llevar a cabo acciones que entran dentro del campo delictivo.



Quienes toman estas últimas decisiones tan peligrosas lo hacen normalmente con el claro convencimiento de que están eligiendo algo que es beneficioso para ellos -no entra dentro de la naturaleza humana tomar decisiones que a priori se consideren perjudiciales-.  

Pero éstas son decisiones que, en muchas ocasiones, se llevan a cabo sin haberlas sopesado adecuadamente o se toman mediante análisis que se demuestran erróneos. Por tanto, en este sentido hay que recordar las palabras de Dixit y Nalebuf en su libro “Pensar estratégicamente”: “…Nos guste o no, todos en la vida tendremos que actuar alguna vez como estrategas, y siempre será mejor ser un estratega bueno que uno malo”.

           Con respecto al juego del ajedrez, una vez que se ha superado el periodo de iniciación teórica, éste nos enseña a pensar en términos de estrategia: la premisa básica consiste en que cada jugada que el ajedrecista realiza, es una decisión responsable. El pensamiento estratégico ajedrecístico se basa en una serie de principios, creados a lo largo de muchos años y perfeccionados a través del tiempo, tales como acumular pequeñas ventajas, crear debilidades en la posición rival, panificar las actuaciones, ocupar las posiciones más importantes del tablero, plantearse objetivos a corto, medio y largo plazo, estudiarse uno mismo y estudiar al rival, analizar al rival y analizar a ti mismo, crear amenazas y dilatarlas en el tiempo… En suma, una serie de principios por los que guiarse, que enseñan a ser objetivos y a responsabilizarse de los propios actos.

También el ajedrez se incardina perfectamente en la Teoría de Juegos, que es la ciencia que estudia el pensamiento estratégico. Cuando decidimos mover una determinada pieza sobre una casilla concreta del tablero, la decisión tomada tiene una repercusión sobre la situación pero también repercutirá sobre nuestro rival, y la  elección de éste, influida por la nuestra, tendrá igualmente una repercusión sobre nuestros actos. Esta es una de las premisas básicas de la Teoría de Juegos: “Si yo hago, tú qué haces”. 



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