Champú, Fischer y valores.

"El  tablero por delante" es el breve espacio semanal que tengo en la radio pública extremeña, Canal Extremadura Radio, que me permite hablar de lo que quiera, siempre y cuando haya ajedrez por medio. Como el ajedrez se presta a que se adopten tantos puntos de vista, interpretaciones y sinergias, es muy sencillo abordan casi cualquier tema.

Muchas veces hablo de mi club, el Magic Extremadura, que se lo merece, otras de proyectos que desarrollamos, otras del ajedrez más puramente deportivo, y después de "lo que se tercie", como decían en el pueblo de mi padre. Esta semana he hablado de Bobby Fischer, alguien de quien con el tiempo, no es que decaiga la admiración que siempre tuve, sino que realmente no cesa de aumentar. 

Con Fischer me ocurre que a veces me subleva que haya gente que hable de él demasiado a la ligera. Que por haber padecido una enfermedad mental grave, o por haber sido "un fanático del ajedrez", mucho de lo realmente bueno que hizo ya  no tiene tanto mérito. 

Fernando Arrabal, alguien de quien también cualquier famoso en su casa a la hora de comer se permite realizar graciosos chistes, dijo de Fischer que en ocasiones puntuales "se comportó como un auténtico héroe". Yo estoy muy de acuerdo con Arrabal. Creo, y aprovecho que estamos en un blog de ajedrez social, que Fischer poseía unos valores personales y deportivos que lo elevaban muy por encima del resto. 

De sus anécdotas se deducen  siempre integridad y respeto hacia sí mismo y hacia su profesión, y por extensión, hacia los demás: creo que era Gligoric quien dijo que vio al norteamericano reprender alguna vez a otros ajedrecistas porque estaban hablando y podían molestar al adversario del propio Fischer mientras pensaba. O también como anécdota, la lucha personal de Fischer por elevar la categoría del profesional del ajedrez -y no de él solo- intentando que hubiera premios y condiciones más dignas. Su impecable vestimenta cuando jugaba solo muestra el respeto que sentía hacia este juego y hacia la profesión de ajedrecista. Y esto, en un juego-deporte, en que era demasiado frecuente que la vestimenta de los jugadores de élite dejara mucho que desear. 

El programa de radio que enlazo, del martes 28 de enero, lo remato con una anécdota, la del champú, que me encanta, y de la cuál me confirmó su veracidad el propio Leontxo García. Muestra lo que es ser íntegro, sin que nadie lo sepa y sin hacerlo de cara a la galería. Algo para uno solo, no para que lo vean. Lo contrario, por tanto, de lo que hacen algunos, que se proclaman éticos y dan lecciones al  resto, y cuando podemos, va para el monedero, y hablo de cosas de hoy en día. 

El típico materialista de nuestro tiempo diría a propósito de la anécdota que podrán oír, que bien tonto que fue  Fischer haciendo eso: bueno, cuestión de gustos. Como Brad Pitt interpretando a Aquiles en la película Troya, cuando un mensajero  le anuncia que un terrible guerrero le está esperando en el campo de batalla para luchar con él, y que de ser él Aquiles, se  guardaría mucho de ir para allá. Brad Pitt se le queda  mirando por unos instantes  y le dice con un muy poco disimulado toque de desprecio: "Pues precisamente por eso nadie hablará nunca de ti cuando hayas muerto". 

Parecido. Dejo aquí el enlace del programa:

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