Un psicólogo para Carlsen (o ponga un psicólogo en su vida).


Desde bastantes frentes se ha aconsejado a Carlsen que contrate a un psicólogo  para optimizar mejor su rendimiento, para sobrellevar mejor sus escasos errores en las partidas, para recuperarse cuando algo falla, para equilibrar su comportamiento y no mostrarse cabreado en público, para gestionar (como se dice ahora) adecuadamente sus emociones, etc., etc.

Lo han pedido especialistas muy reputados y muchas otras personas menos conocidas; yo concretamente se lo he escuchado a más de un psicólogo de buen nivel y especialista en ajedrez. En mi caso, y para definirme rápido, espero que el noruego haga caso omiso a estos comentarios y siga sin psicólogo alguno. Un compañero de trabajo, amigo y Gran Maestro por añadidura, me ha comentado que algún integrante del equipo de Carlsen ya ha dicho que van a seguir igual, y lo ha argumentado muy bien según mi compañero. Yo he preferido no buscar esas declaraciones porque ya tenía en mente escribir sobre esto.

Creo que introducir un elemento externo en un engranaje extraordinario no es más que andarse con fuego y jugársela sin motivo. ¿Es mejorable algo que tiene el 94 por ciento (es un poner) de perfección? Claro que es mejorable, le queda ¡todavía! el 6%: pero también corremos el riesgo de estropear algo que es fantástico, y también robotizamos un poco al individuo: gestionar las emociones a veces no es más (exagero un poco) que mostrar una imagen propia muy comedida de cara al público y mostrarse correcto políticamente hablando, que es lo que se lleva ahora. 
*(He encontrado una respuesta de Carlsen en una entrevista que recomiendo leer al final de este artículo, viene a cuento de lo que decimos).


No necesitaron psicólogos Fischer ni Kasparov: se mostraban como eran, y nos caían y caen (Kasparov) bien a muchos porque se evidenciaban humanos, con sus fortalezas y sus debilidades, como somos y nos mostramos todos… en el supuesto de no tener al lado a un equipo de comunicólogos, asesores… y psicólogos al lado, que entonces la cosa cambiaría.

Que se tumba Carlsen  en el sofá de la sala de descanso aun a sabiendas de que hay cámaras que lo graban… pues que se tumbe, a nadie hace daño. Que se repantiga en el sillón mientras está pensando una jugada... pues igual. Que entabla una partida que tenía ganada… pues que se cabree, que es lo que se espera de cada cual… después no le hizo falta un equipo de psicólogos para que en la tercera partida del desempate fuera a por Karjakin a que pagara todas juntas por las tablas que le arrancó en la segunda… Ni se traumatizó, ni se frustró, ni le tuvieron que ir a por pastillas. Lo arregló él solito.


Creo que hay que acudir a profesionales cuando hay una causa razonable que lo justifique, pero si las cosas funcionan muy bien, meter una cuñita en el engranaje porque hay algo que falla un poco puede provocar que se altere todo el equilibrio: lo que ya de por sí es muy bueno hay tocarlo lo menos posible.

Allen Frances, psiquiatra e impulsor de uno de los grandes logros de la Psiquiatría del siglo XX, el manual diagnóstico y clasificatorio de trastornos mentales DSM, ha escrito un libro magnífico llamado “¿Somos todos enfermos mentales?”, donde entre otras cuestiones, aboga precisamente por resolver los problemas por nosotros mismos, siempre y cuando la cosa no pase a mayores, que entonces, por supuesto, sí habría que acudir a los profesionales, que lo hacen muy bien casi siempre y que además –y hablo de la medicina y de la psicología occidentales- han alcanzado niveles de excelencia absolutamente impresionantes.

Pero no nos pasemos: no te tomes antibióticos si estás algo resfriado, no vayas a Urgencias si le duele un poco el pie al niño, no te duches dos veces al día para estar muy limpito porque convertirás a tu cuerpo en un pelele frente a los gérmenes, y no acudas inmediatamente al psicólogo cuando hay problemas: en principio, intenta arreglarlos tú solo. La gente inteligente o muy buena practica esto, Carlsen parece ser uno de ellos.

Juan Antonio Montero. Psicólogo. 



*¿No te consideras libre de opinar con tu estatus de campeón?
Hace unos meses hice una broma sobre las elecciones de EEUU, comenté que me gustaba el estilo Trump, que ese tipo me resulta gracioso, quizás porque es incapaz de razonar con argumentos o es ingenioso poniéndole nombres a las cosas. Al día siguiente los titulares de los periódicos eran «Carlsen apoya a Trump». En mi país la corrección política domina todo. Deberíamos ser más abiertos. Por eso es mejor estar callado.

Entrevista de Jorge Benítez a Carlsen en El Mundo.

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