¿Es un gran esfuerzo mental ofrecer una exhibición de simultáneas, o en realidad podría ser solo una praxia?



Cuando un especialista en ajedrez (un jugador fuerte, titulado o no, llamémoslo "maestro""), ofrece una exhibición de simultáneas de ajedrez, personas no muy expertas en este juego se sorprenden muy sinceramente de que el maestro gane casi todas las partidas, y de que además no quede exhausto por el esfuerzo desarrollado. 


Un espectador me dijo una vez que había hecho el cálculo matemático, y le había salido que en una mañana, el simultaneador había pensado… ¡1.480 jugadas!, y eso en poco menos de tres horas. Desde luego, tomado así, es tremendo. Pero ¿es un esfuerzo tan colosal enfrentarse, digamos por ejemplo, contra treinta jugadores de los que veinte son aprendices (chicos que llevan entre uno y tres años en el ajedrez), cinco son aficionados que han aprendido por sí mismos, y cuatro o cinco son jugadores que tienen ELO comprendido entre 1.200 y 1.600?

¿Es tan colosal, o en realidad puede tener un “coste cerebral mínimo”, digamos por ejemplo, el mismo que preparar un café?  

Y no digo lo de café como algo peyorativo. Es que la acción de preparar un café es lo que en términos psicológicos se denomina “praxia”. Las praxias son movimientos intencionales y organizados, que se encuentran a medio camino entre la pura ejecución de movimientos (psicomotricidad) y la cognición (intencionalidad y organización). Para su ejecución se requiere la participación del pensamiento y se llevan a cabo por la necesidad o el deseo.  

Vamos a los ejemplos para entenderlo bien: en nuestra vida diaria llevamos a cabo numerosas praxias: vestirnos, barrer, envolver algo, dar la mano, dar un beso, saludar desde lejos con la mano, hacer el gesto de hablar por teléfono, ponerse el reloj, limpiar los zapatos, recoger la ropa y colgarla, preparar el susodicho café… Estas son praxias cotidianas, pero también las hay más complejas y más puntuales: batir huevos sin que salgan volando del plato, copiar un texto, realizar el contorno de un dibujo, recortar, hacer encajes, hacer puzles, amasar algo, lanzar objetos y recogerlos…

Resultado de imagen de atarse los cordones sin mirarLo que distingue a las praxias es que en un principio costaron mucho de aprender, pero después se han arraigado perfectamente en el cerebro y ya cuestan muy poco en términos de gasto de energía cerebral y esfuerzo, es como “activar el piloto automático”, casi ni somos conscientes de que las hacemos. Aprender cómo atarse los cordones en la infancia, para muchos (por lo menos para quien esto escribe) fue un esfuerzo inhumano. Hoy a mí, personalmente, me cuesta bastante menos. 

¿Pudieran ser las simultáneas en realidad unas praxias para el Maestro? Pudieran. No se trata evidentemente de subestimar el juego de nadie, pero ante muchísimas jugadas de aficionados, el maestro solo debe prestar una milimétrica atención y responder de acuerdo con su “piloto automático ajedrecístico”: ocupar el centro, doblar peones, debilitar el enroque, atacar piezas descoordinadas,  capturar el caballo que se han dejado… El caudal de conocimientos, la práctica aprendida, en realidad, hacen que el gasto mental en este caso sea ínfimo. Por esta razón, cuando se terminan  las simultáneas, para sorpresa y admiración de muchos, el maestro está casi tan fresco como cuando empezó. Bueno, quizá algo cansado de dar tantas vueltas por las mesas.

PERO, puede pasar que a veces el piloto automático no soluciona todo, tal y como ocurre cuando la cremallera se encasquilla, una pieza del puzle no encaja o la cápsula del café no entra donde debiera entrar, (cosas que nos pueden pasar en nuestras praxias cotidianas). Y no encaja algo en las simultáneas cuando de pronto el maestro se percata de que cierta jugada “no la ha visto” en una de las partidas, o cuando vislumbra que en tal mesa se encuentra ante un buen jugador.

Porque el piloto automático también avisa de los peligros, aunque es más lento haciéndolo que cuando nos hallamos en el estado de alerta normal. Pero una vez que el maestro identifica a un jugador experto o a alguien del que hay que prevenirse, el procedimiento de la atención selectiva entra en juego, y de entre todos los estímulos existentes ("los otros jugadores", hablando en los fríos términos de la psicología del aprendizaje) selecciona a esos ajedrecistas en concreto para prestarles más atención (y esfuerzo).

Oí a un Gran Maestro hace poco decirle cariñosamente a un adversario en unas simultáneas que “le había engañado”, porque hizo al principio varias jugadas más bien débiles, para después mostrarse como un jugador de buen nivel, lo que cogió en cierto modo desprevenido al maestro, ya que con él tenía activado el piloto automático, y para casos complejos este piloto no es demasiado eficaz.

Por tanto, creo que muchas de las partidas de maestros en simultáneas no superan el nivel de praxia, y por ello el costo en energía y el desgaste son mínimos. Si un espectador se nos acerca y nos interroga asombrado por lo que está viendo, creo sin temor a equivocarnos demasiado que podemos decirle que en realidad no es para tanto, que solo es una praxia. 

Tampoco hay mucho peligro por desilusionar a nuestro amigo: con el nombre que tiene la palabreja, estoy seguro que no mermaremos su nivel de asombro.

Comentarios

  1. Buenas, Juan Antonio

    Buen artículo, "praxias" por escribirlo :)

    Te cuento mi experiencia.

    Como simultaneador (soy Maestro FIDE) yo creo que sí es una praxia, al menos en el caso de que todos los jugadores que están al otro lado del tablero lleven poco tiempo jugando. Habría que ver cuál es realmente la cantidad de procesamiento consciente que se realiza, ya que la impresión general es que las jugadas "surgen" o "fluyen" - lo que hablamos de las praxias - y apenas parecen producir gasto energético. Es decir, la gran mayoría del proceso parece ser automático, procedimental o "intuitivo"; como si hubiera alguien dentro de ti que juega, y no tú.

    Otro tema son las condiciones en que juegas: si es verano, hay que dar vueltas en cuadrado, etc. eso se lleva su energía.

    Eso sí, si los "luchadores" incluyen gente de nivel medio (en términos relativos, 1900-2100) o alto (2100 en adelante) - y, sobre todo, si se apuntan "para jugar contra tí" - la cosa cambia. En mi experiencia, tal situación es como una montaña rusa o una onda, con valles en las partidas contra gente que lleva poco tiempo y mesetas o picos contra la que lleva más tiempo y está jugando razonablemente bien. Como, además, son los que tienden a quedar al final, se puede producir una situación de gasto energético importante y continuo, sobre todo si la situación se complica. Si ese día hace calor, o ya han transcurrido varias horas, se puede notar cierta merma física.

    Hay que añadir que todo esto probablemente depende en gran medida del estilo de juego del simultaneador. Los Grandes Maestros tienden a "relajar" la posición con cambios, calcular menos y llevar el juego a su terreno estratégico; quizá pueden entonces seguir dentro de ciertas praxias estratégicas. Esta viene a ser la "recomendación oficial" para jugar simultáneas y "hacerlo bien".

    Por el contrario, jugadores de corte táctico, que quieren "acción", o que buscan "jugar la posición" (me incluyo en estos dos últimos casos), se implican más en el juego concreto y creo que pueden llegar a gastar mucha más energía (calculan y valoran bastante más). Pueden llegar a perder partidas, pero ¿qué importa? :)

    Kasparov jugó de esta forma - jugando lo que demandaba cada posición - unas simultáneas contra un equipo de 8 Grandes Maestros israelíes. Aunque no creo que fuera una praxia para él (pero sí estaba muy acostumbrado a tal nivel de exigencia, jugada a jugada) ganó 7-1...

    Como anécdota curiosa, casi hay que estar más atento a las "trampillas" que puedan hacer niños o niñas pequeños sin querer. Por ejemplo, mueven una pieza, no ha llegado el simultaneador, no se acuerdan de que ya han movido y mueven otra. Incluso en ese caso, uno nota que "algo no cuadra", de alguna manera reconstruye mentalmente la posición anterior y dialoga con el niño o niña hasta "llegar a un acuerdo" (¡lo cual no siempre es sencillo!). Todo casi sin pensar conscientemente.

    Un saludo

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  2. No tienes que darme las "praxias", Jorge. Qué buen comentario, a tu nivel.

    Estoy muy de acuerdo contigo en los tres primeros párrafos (bueno, en todos). En realidad, si el procedimiento de juego es de corte estratégico, puede ser una práxia absoluta: cuando es de corte táctico (cuarto párrafo), la cosa cambia, vas buscando "la verdad" de la posición.

    Dices que en realidad, qué importa si se pueden llegar a perder... Creo que sí importa, tú y yo sabemos que si hay muchos aficionados que no entienden bien qué son en realidad las simultáneas, y que si haces dos tablas y pierdes una partida sobre veinte, ya no es lo mismo. Creo, que en simultáneas normales, en las que no se incluyen jugadores muy fuertes, parte del espectáculo consiste en ganar todo. Cuando hago las presentaciones del GM Candelario en la cárcel, en un centro de menores, en un colegio, me encanta desearles suerte a los aficionados que van a jugar, y además les digo que estoy deseando que alguien le gane ya a mi compañero, que lleva siete años sin perder una partida en simultáneas... Y a la gente le encanta, y como te digo, forma parte del espectáculo.

    Kasparov contra los israelíes en realidad no sé si puede considerarse unas simultáneas, o por lo menos una exhibición. Tengo entendido que Kasparov se preparó de una forma feroz ese encuentro, y que sobre todo estaba deseando tomarse la revancha contra uno de los jugadores. Estoy hablando un poco de memoria, pero creo que es así.

    Personalmente, la exhibición de simultáneas más extraña que he visto fue una de Magnus Carlsen, con trece años en Mérida. Creo que a Carlsen se le notaba en muchas cosas que era distinto, tuve la suerte de observar muchas cosas. La exhibición de simultáneas que realizó fue a una velocidad asombrosa: creo que perdió una partida por lo menos y cedió dos o tres tablas (había varios ELOS superiores a 2000, por los menos tres, seguramente), pero es que algo había detrás de esa velocidad dando vueltas por las mesas: respetando siempre a los ajedrecistas (había muchos chicos aprendices también), sería como realizar una praxia pero a una velocidad endiablada, lo que ya altera el mecanismo cerebral habitual.

    Rematas con algo habitual, que ocurre involuntariamente (en algún caso voluntariamente: ¿conoces la anécdota de Fischer?). Y no siempre es sencillo, no (como cuando se encasquilla endiabladamente una cremallera), convencer al otro de que "la pieza no estaba ahí". Todavía recuerdo una exhibición con uno de nuestros mayores y Jaime Santos Latasa... Se solucionó, pero creo que desde entonces nuestro mayor dejó de aparecer por el taller de ajedrez.

    Un saludo

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  3. Cierto, Juan Antonio, sí importa perder alguna partida, al menos de cara al "espectáculo".

    Creo que Kasparov se debió preparar en plan total para jugar contra el equipo israelí, y no era para menos. Aún así, creo que fue toda una hazaña. En cuanto al que quería ganar, no sé quién podría ser... pero conociendo a Garry eso debió ser un superplus.

    No conozco la anécdota de Fischer, o al menos no me viene a la cabeza. Respecto a Carlsen, parece que procesa rapidillo :) Estaría bien saber cómo se enfrenta - qué proceso consciente realiza - a esas posiciones donde hay que trazar planes de fondo, pero no le "vienen a la mente las jugadas" tan claramente.

    Cuentas la anécdota de Santos. La comparto plenamente. De l@s niñ@s un@s cuant@s se me han mosqueado porque "¡yo no he hecho dos jugadas seguidas!", pero el tema es que algunos adultos (en este caso todo han sido hombres) también se lo han tomado bastante en serio. Por eso es preferible que apunten las jugadas.

    Un saludo

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  4. Copio de una web la anécdota de Fischer:

    En unas simultáneas, Fischer ganó la dama a su rival, y éste volvió a ponerla en el tablero al irse el americano. Continuó el juego normalmente y el hombre se vanagloriaba ante los espectadores de que el genio no se había dado cuenta. Siete jugadas más tarde, Fischer volvió a ganarle la dama, y esta vez se la metió en el bolsillo y se la llevó, sin mediar palabra.

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  5. Jajaja, muy propio de Bobby!! No conocía la anécdota.

    En toda esta disertación hemos dejado de lado la posible intervención de la "memoria de trabajo a largo plazo", de Ericsson y compañía. Sobre todo, claro, con rivales simultaneados de cierta entidad.

    Para otra ocasión; mientras, ¡te animo a que sigas escribiendo artículos como éste!

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