Vamos al medio juego y al final


Ésta es la continuación del artículo que escribí para ser radiado en Canal Extremadura Radio, la radio pública extremeña. No es sencillo, la verdad, contar cosas que para los ajedrecistas son algo normal, pero dirigidas al gran público.

Es como explicarle a un aprendiz o a alguien que solo sabe un poco, que entre jugadores de nivel, cuando la cosa está muy regular, se abandona, porque no tiene sentido que ante un 2000 ELO, por ejemplo, estés con tu rey solo, dando vueltas, hasta que te dé mate con rey y dama solos en el tablero.

Pero el jugador inexperto esto lo entiende difícilmente. Algunas veces parece que pensara, "vaya cómo son estos del ajedrez". 


NOS VAMOS AL MEDIO JUEGO Y AL FINAL

Hablé en la entrada acerca de que existían en el ajedrez las aperturas y las defensas, una forma de comenzar la partida que define particularmente a la primera serie de movimientos. Son un conjunto de jugadas, variables pero generalmente bien estudiadas y con características diferenciales, que ofrecen alternativas muy razonables para conducirse en los primeros momentos y anticipar planes para conducirse en la partida.


Y es que las aperturas, si has salido bien de ellas, lo que hacen es prepararte bien para el medio juego, el eje central de la partida. Aquí, en este medio juego, es donde se desarrollan normalmente los ataques, las escaramuzas, las complejidades tácticas o estratégicas, los cambios de piezas, los sacrificios, las pérdidas…
Y digo pérdidas, porque a veces es en el propio medio juego cuando se pierde la partida: puede que haya todavía muchas piezas en juego, estamos atacando con muchas piezas al rey del contrario, éste hace lo mismo con el nuestro, y o bien porque jugamos muy bien porque el contrario falla en un momento determinado, le damos jaque mate y se acaba todo. O le capturamos su dama u otra pieza de mucho valor, y es también casi como se hubiera acabado la partida.

Pero otras veces, más bien muchas veces, del medio juego se sale sin que ninguno de los contendientes tenga ventaja clara, o bien solo tiene escasa ventaja. Y es cuando se entra en lo que los ajedrecistas llamamos los finales. Lo llamamos final porque se han simplificado mucho las cosas, se han capturado muchas piezas por ambas partes, lo normal es que las damas hayan desaparecido y ya los reyes contrarios no corran peligro. El objetivo entonces no es ya dar jaque mate, sino que suele ser convertir a alguno de nuestros peones en dama o quedarnos con alguna pieza que por sí misma y con ayuda del rey pueda dar ese jaque mate.

Los finales (generalizando un poco) suelen ser largos y laboriosos: ya no se ven ataques ni maniobras conjuntas de muchas piezas, sino que exigen precisión y mucho cálculo. A veces es como un problema matemático: por ejemplo, suele pasar que tengamos que calcular con mucha antelación si por un movimiento, somos capaces de convertir un peón en dama antes que el contrario.
Y son complejos estos finales: tanto, que se ha acuñado un lenguaje que define cómo son y qué características tiene cada uno: así, un ajedrecista entiende perfectamente si se le dice que entramos en un final de peones, en un final de alfil contra caballo, en un final de alfiles de distinto color, en un final con peón de ventaja pero con calidad de menos


Como verán, y volviendo a lo que decíamos en la entrada anterior, saber cómo se mueven las piezas del ajedrez es sencillo, lo que ya no lo es tanto es saber jugar bien al ajedrez. Pero no hay que desmoralizarse: mientras más te metes en el ajedrez, más te diviertes, porque esta complejidad no desmotiva, sino que en realidad hace mucho más interesante el juego. Así que ánimo, juegue mucho al ajedrez, y si puede, vaya a una buena escuela o un buen club... porque si le atrae un poco este juego, cuando se entiende bien, atrae todavía mucho más. 

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