jueves, 12 de febrero de 2015

Ajedrez, estrategia y decisiones peligrosas.

El concepto de estrategia puede definirse como el conjunto de acciones que aumentan las posibilidades de tomar una decisión acertada en un determinado momento. Decisiones estratégicas son elegir una determinada profesión, ubicar un negocio en una zona concreta o  realizar un determinado curso de especialización. Pero también de alguna manera son decisiones estratégicas introducirse en el mundo de las drogas, optar por vivir una existencia marginal o llevar a cabo acciones que entran dentro del campo delictivo.



Quienes toman estas últimas decisiones tan peligrosas lo hacen normalmente con el claro convencimiento de que están eligiendo algo que es beneficioso para ellos -no entra dentro de la naturaleza humana tomar decisiones que a priori se consideren perjudiciales-.  

Pero éstas son decisiones que, en muchas ocasiones, se llevan a cabo sin haberlas sopesado adecuadamente o se toman mediante análisis que se demuestran erróneos. Por tanto, en este sentido hay que recordar las palabras de Dixit y Nalebuf en su libro “Pensar estratégicamente”: “…Nos guste o no, todos en la vida tendremos que actuar alguna vez como estrategas, y siempre será mejor ser un estratega bueno que uno malo”.

           Con respecto al juego del ajedrez, una vez que se ha superado el periodo de iniciación teórica, éste nos enseña a pensar en términos de estrategia: la premisa básica consiste en que cada jugada que el ajedrecista realiza, es una decisión responsable. El pensamiento estratégico ajedrecístico se basa en una serie de principios, creados a lo largo de muchos años y perfeccionados a través del tiempo, tales como acumular pequeñas ventajas, crear debilidades en la posición rival, panificar las actuaciones, ocupar las posiciones más importantes del tablero, plantearse objetivos a corto, medio y largo plazo, estudiarse uno mismo y estudiar al rival, analizar al rival y analizar a ti mismo, crear amenazas y dilatarlas en el tiempo… En suma, una serie de principios por los que guiarse, que enseñan a ser objetivos y a responsabilizarse de los propios actos.

También el ajedrez se incardina perfectamente en la Teoría de Juegos, que es la ciencia que estudia el pensamiento estratégico. Cuando decidimos mover una determinada pieza sobre una casilla concreta del tablero, la decisión tomada tiene una repercusión sobre la situación pero también repercutirá sobre nuestro rival, y la  elección de éste, influida por la nuestra, tendrá igualmente una repercusión sobre nuestros actos. Esta es una de las premisas básicas de la Teoría de Juegos: “Si yo hago, tú qué haces”. 



miércoles, 11 de febrero de 2015

Comienza Ajedrez terapéutico en TDAH, espectro autista y síndrome de Asperger.

Comienza ya el próximo 15 de febrero un curso de ajedrez terapéutico que nos hace bastante ilusión, y es el que se dirige a formar monitores que trabajen con chicos que padezcan Trastorno por déficit de atención e hiperactividad TDAH, Trastornos del espectro autista TEA y síndrome de Asperger.

Contamos para este curso con el Doctor en Psiquiatría Hilario Blasco Fontecilla, lo cual creo que añade un extra de calidad a esta formación. Como otra valor añadido es su Reconocimiento de Interés Sanitario, concedido por la Consejería de Salud y Política Sociosanitaria del Gobierno de Extremadura. Toda la información completa la podéis encontrar en el enlace:

 mhttp://www.chessmagic.net/odules/news/article.php?storyid=2330



domingo, 1 de febrero de 2015

Champú, Fischer y valores.

"El  tablero por delante" es el breve espacio semanal que tengo en la radio pública extremeña, Canal Extremadura Radio, que me permite hablar de lo que quiera, siempre y cuando haya ajedrez por medio. Como el ajedrez se presta a que se adopten tantos puntos de vista, interpretaciones y sinergias, es muy sencillo abordan casi cualquier tema.

Muchas veces hablo de mi club, el Magic Extremadura, que se lo merece, otras de proyectos que desarrollamos, otras del ajedrez más puramente deportivo, y después de "lo que se tercie", como decían en el pueblo de mi padre. Esta semana he hablado de Bobby Fischer, alguien de quien con el tiempo, no es que decaiga la admiración que siempre tuve, sino que realmente no cesa de aumentar. 

Con Fischer me ocurre que a veces me subleva que haya gente que hable de él demasiado a la ligera. Que por haber padecido una enfermedad mental grave, o por haber sido "un fanático del ajedrez", mucho de lo realmente bueno que hizo ya  no tiene tanto mérito. 

Fernando Arrabal, alguien de quien también cualquier famoso en su casa a la hora de comer se permite realizar graciosos chistes, dijo de Fischer que en ocasiones puntuales "se comportó como un auténtico héroe". Yo estoy muy de acuerdo con Arrabal. Creo, y aprovecho que estamos en un blog de ajedrez social, que Fischer poseía unos valores personales y deportivos que lo elevaban muy por encima del resto. 

De sus anécdotas se deducen  siempre integridad y respeto hacia sí mismo y hacia su profesión, y por extensión, hacia los demás: creo que era Gligoric quien dijo que vio al norteamericano reprender alguna vez a otros ajedrecistas porque estaban hablando y podían molestar al adversario del propio Fischer mientras pensaba. O también como anécdota, la lucha personal de Fischer por elevar la categoría del profesional del ajedrez -y no de él solo- intentando que hubiera premios y condiciones más dignas. Su impecable vestimenta cuando jugaba solo muestra el respeto que sentía hacia este juego y hacia la profesión de ajedrecista. Y esto, en un juego-deporte, en que era demasiado frecuente que la vestimenta de los jugadores de élite dejara mucho que desear. 

El programa de radio que enlazo, del martes 28 de enero, lo remato con una anécdota, la del champú, que me encanta, y de la cuál me confirmó su veracidad el propio Leontxo García. Muestra lo que es ser íntegro, sin que nadie lo sepa y sin hacerlo de cara a la galería. Algo para uno solo, no para que lo vean. Lo contrario, por tanto, de lo que hacen algunos, que se proclaman éticos y dan lecciones al  resto, y cuando podemos, va para el monedero, y hablo de cosas de hoy en día. 

El típico materialista de nuestro tiempo diría a propósito de la anécdota que podrán oír, que bien tonto que fue  Fischer haciendo eso: bueno, cuestión de gustos. Como Brad Pitt interpretando a Aquiles en la película Troya, cuando un mensajero  le anuncia que un terrible guerrero le está esperando en el campo de batalla para luchar con él, y que de ser él Aquiles, se  guardaría mucho de ir para allá. Brad Pitt se le queda  mirando por unos instantes  y le dice con un muy poco disimulado toque de desprecio: "Pues precisamente por eso nadie hablará nunca de ti cuando hayas muerto". 

Parecido. Dejo aquí el enlace del programa: