jueves, 18 de enero de 2018

Bobby Fischer, ¿aquél que estaba obsesionado con el ajedrez?


Como todo el mundo sabe, el legendario y admirado Bobby Fischer era un tipo que desde niño estuvo absolutamente obsesionado por el ajedrez. Como todo el mundo sabe. O como se repite continuamente, y a fuerza de ser repetida, la repetición se hace realidad. 

Me llamó la atención desde siempre el atractivo en todos los aspectos del Fischer de antes de su "desaparición", el Fischer que todos tenemos en la memoria: un tipo atlético, seguro de sí mismo, muchas veces rodeado de gente y sin ninguna actitud cohibida, un tipo además muy bien trajeado y con gran estilo en el vestir, en un deporte-juego que no se caracterizaba precisamente por la elegancia de sus practicantes... (Yo mismo, sin ir más lejos, llegué a ver en el Abierto de Sevilla en una de sus primeras ediciones a un ajedrecista profesional jugando en chaqueta, pero eso sí, una chaqueta que estaba encima del pijama completo. Un pijama azul clarito, con listas. Esto es excepcional, claro, pero sobre todo antes, un torneo de ajedrez no era precisamente el Salón de la Moda). 

¿Concuerda esto con el tipo que según es de rigor, estaba obsesionado con el ajedrez y vivía únicamente para este juego? Pues creo que no. Y se aduce a veces como prueba de su obsesión que abandonó muy pronto los estudios. Bueno, creo que por ejemplo, hay motociclistas españoles, de los mejores del mundo, que casi no habían empezado a andar y sus padres ya los subían en moto, que con catorce años abandonaron los estudios y no aparentan ser unos raritos ni nada parecido, más bien lo contrario.






Ahora, en los últimos tiempos, diez años después de su muerte, observo que están circulando fotos y vídeos de Fischer que me parece que pueden aclararnos mucho sobre el mito y sobre su verdadero estilo de vida. Y este Fischer que se deja entrever es un enamorado de los deportes, de la competición en general, de la vida al exterior con los otros y con la naturaleza, y muy, muy bien instalado en el mundo.

Está el Fischer que jugaba con entusiasmo en los recreativos, en las boleras, al tenis de mesa con un estilo envidiable (no son juegos precisamente de solitarios ni de obsesos), el Fischer que es un nadador consumado, el jinete que monta con estilo y se adivina amante de los caballos y de los animales... y aunque yo no he visto ninguna foto, parece ser que practicaba bastante el boxeo, y que no era un púgil flojo, precisamente.

Y como un típico hijo de los sesenta y más en el Estados Unidos de la época, escuchaba mucha música y se la tomaba muy en serio (tenía un repertorio de grupos favoritos muy sofisticado). Y además no comulgaba, como también era habitual en su generación, con los patrones más conservadores de la época. 

Para estar obsesionado con el ajedrez, no está nada mal tener tantos intereses en la vida y hacer tantas cosas. Quienes nos hemos movido en este mundillo creo que sin excepción conocemos a más de un "friki" del ajedrez, personas que sí que están absolutamente obcecadas con el tablero y las piezas. A mí Bobby Fischer no me los recuerda en absoluto.

Lo que sí parece muy claro es que Fischer  empezó a padecer un trastorno mental muy grave en determinado momento de su vida, que se manifestó con crudeza seguramente cerca de la cuarentena. Si habláramos de esquizofrenia, sus comienzos suelen situarse en la adolescencia o al principio de la edad adulta. Puede retrasarse más.

Las causas de bastantes de las enfermedades mentales graves no están nada claras, y en muchas de ellas, y probablemente en la que afectó a Fischer, hay un componente genético importante. Se empiezan a manifestar en un momento concreto por causas que tampoco están claras, aunque comportamientos tales como consumir drogas, demasiado estrés o una vida muy desordenada son factores que pueden influir para que la enfermedad se haga visible; antes, simplemente está latente. Pero no se puede ser nada tajante para hablar de una causa.

Estar demasiado obcecado con algo tampoco es una factor que se sostenga solo por sí mismo para explicar la génesis de un trastorno esquizoide, por ejemplo. Si volvemos a nuestro juego, es difícil encontrar a alguien que estuviese más cuerdo y que a la vez estuviera más obnubilado por el ajedrez que Mikhail Tahl, al que todos conocemos, aquel que dijo que si prohibiesen el ajedrez se convertiría en contrabandista. Con el añadido además de que no llevaba precisamente una vida muy saludable, sino más bien todo lo contrario. 

En mi país, España, se calcula que alrededor del 9% de la población convive con algún tipo de enfermedad mental -la OMS calcula que hay más de 20 millones de personas en el mundo que padecen algún tipo de esquizofrenia-. No es nada infrecuente, por tanto, padecer algún tipo de enfermedad mental. Y viceversa, el ser humano puede aguantar embates y vicisitudes tremendos sin que tenga por qué desarrollar ningún tipo de trastorno mental. Tampoco somos tan blanditos como ahora se presupone tanto.

Creo que con el gran Fischer, lo mejor es hacer como con otros grandes personajes, quedarnos con la parte más brillante que tuvieron. Y con él en concreto, no elucubrar demasiado acerca de los porqués (tras una apasionante y  extraordinaria vida) de su declive y de su triste final: seguramente sea demasiado complicado.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario